miércoles, 26 de julio de 2006

Father, why don't you make a geek of me?

Me gusta la fotografía, sí.

Parece que es un hecho consumado. Yo, que generalmente me muevo de puntillas entre las grandes pasiones democráticas, estoy absolutamente entregada a este vil arte de ir por la vida enganchada al aparatejo digital. Porque como buena fan, ni siquiera he invertido un sueldo en una buena máquina, no señor, nada de réflex de cuerpo negro y objetivos intercambiables. Lo mío es la cámara automática en plan ladrillo.

No es que me queje de mi cámara, que pronto cumplirá cuatro años de leal servicio. En mi familia siempre ha pasado algo parecido. Mi padre es, por vocación, un friki de los trastos electrónicos, literalmente. Los ojos le hacen chiribitas y los dedos se le van cuando el mercado consigue sacar un nuevo invento, no puede evitarlo. Hace veinte años montaba rústicas pero funcionales radios destornillador en mano para escuchar las frecuencias vecinales cuando caía la noche; luego apareció la informática y en mis tempranos años de vida me senté delante un pc de aquellos de fondo negro y letras verdes. Cuando todavía no había locutorios en el Raval mi padre nos tenía instalado el módem en casa, y mis congéneres arrastraban pesados cd's portátiles cuando a la menda ya le colgaba del cuello un mp3 modelo misíl. Osea: que a esta casa siempre han llegado las cosas pronto.

Quizás por eso, precisamente, se invierten en ellas cantidades que luego resultan espeluznantes en cuanto el peso de la masificación de ventas hace lo que tiene que hacer con la ley de la oferta y la demanda. Y quizás por eso, luego nos cuesta horrores deshacernos de ellas, aunque el mercado nos las deje pronto obsoletas. Así que yo sigo con mi canon powershot de 4 píxels erre que erre, a ver que le saco. Y ahora que soy licenciada, empiezo a descubrir el placer de los programas de edición, empezando por su versión más rústica -léase editor microsoft. Y soy feliz. Me pregunto si, de no haber existido en mí también la pulsión literaria (que es básicamente eso, una pulsión, porque apenas escribo y ya no sé ni lo que leo) y el afán de espacio abierto, la influencia paterna hubiera hecho de mí una geek como dios manda. Dejo para otro post reflexiones varias sobre fotos retocadas y la tendencia a crear imágenes oníricas como único medio de... Perdón. Para otro post.

1 comentarios:

Duna de sal dijo...

Es entrañable pensar que esa famosa cámara de la que hablas retrató las calles literarias, grises y húmedas de un Dublín conjunto. Fue un placer que observo con mayor sonrisa a medida que pasa el tiempo. ¿Es esa misma cámara?